Hace muchos años iba con mis padres a este lugar y guardo recuerdos preciosos. Hace unas semanas, volví, porque mis padres me regalaron una escapada a este precioso hotel. Las habitaciones son absolutamente preciosas, con todo lujo de detalles, con un equipo de limpieza maravilloso, unas camareras de piso que son un encanto y unas currantas. Podría escribir aquí sobre los espectaculares espacios al aire libre, en plena sierra andaluza; o sobre el menú degustación de La Finca, que revive a un muerto; o sobre la noche mozárabe y su miscelánea de sabores. Pero quiero hablar del personal, porque estoy convencida de que es el alma del hotel: detallistas, eficaces, amables y cercanos. Y no debe ser fácil con algunos clientes, porque se ve que cuanto más dinero tiene uno más imbécil se vuelve con el resto, prueba de ello fue tener que ver a un señoro pegándole con el pie a un pobre gatito que paseaba sin molestar a nadie. Ese gato está en su casa, nosotros somos los visitantes. Encantada de saber que la dueña recogió a todos esos gatos y los llevó al veterinario para esterilizarlos y desparasitarlos. La bondad de un país se mide por cómo trata a los animales. Y está claro que el dinero no da la clase. Y para clase, la de todos los trabajadores de este lugar. Admiro vuestra paciencia y estoicismo. Mil gracias por unos días mágicos, por devolverme a mi infancia :)