Acudí a hacer una cita para aplicar keratina a mi esposa y a mí. Nuestra condición principal fue que no fuera un tratamiento químico, ya que siempre optamos por productos naturales, menos nocivos para el cabello y la piel. Leni nos aseguró que no utilizaba formol para los alisados, y confiamos en su palabra.
El día de la aplicación nunca se nos mostró el supuesto producto “natural”, pero aun así decidimos confiar. Desde el inicio, mi esposa comentó que sentía ardor intenso, pero Leni le dijo que era normal y continuó con el proceso de secado y planchado. El cuero cabelludo de mi esposa quedó muy enrojecido, y Leni insistió en que se debía al calor.
En mi caso, aunque al principio no me ardía tanto, hacia el final del procedimiento comencé a sentir una fuerte irritación. Pasé mucho tiempo con el plástico en la cabeza, del cual me escurría un líquido por los lados (no sé si sudor, agua o algo más), y el ardor aumentaba. Durante el secado, también me quemaba el cuero cabelludo, pero nuevamente Leni afirmó que era normal por el calor de la plancha y la secadora.
Pensamos que el malestar terminaría después de irnos, suponiendo que la aplicación era la parte más incómoda. Sin embargo, al día siguiente mi esposa y yo amanecimos con dolor y ardor inusuales, lo que nos preocupó. Con el paso de los días notamos que se nos desprendían capas de cuero cabelludo, así que contactamos a Leni, ya que en ningún momento nos advirtió de que algo así pudiera ocurrir, y claramente no es normal.
Para nuestra sorpresa, Leni nos dijo que era normal “por el formol”. Nos quedamos en shock, porque desde el principio pedimos un tratamiento natural y ella siempre lo aseguró. Además, cuando pregunté cómo debía lavarme el cabello después, solo mencionó que debía exfoliar, pero jamás nos advirtió que tendríamos ardor por días ni que se nos caería el cuero cabelludo. Y es obvio por qué: eso no es normal en un tratamiento de keratina natural. Lo que ocurrió corresponde a una quemadura.