Un sitio espectacular y encantador para desayunar o merendar. He probado opciones dulces, como las tortitas con Nutella, y saladas, como el bocadillo Baluma, y todo está riquísimo. Pidas lo que pidas, es un acierto seguro.
El personal es súper atento y muy cariñoso, especialmente con los niños del parque. Y aunque allí no acepten perros, ellos siempre tienen un cuenco con agua para los animales, un detalle que se agradece muchísimo.
Siempre está lleno, y no me extraña porque es un planazo venir. Aun así, los camareros lo gestionan genial y no pierden la sonrisa. Son tan cercanos que te hacen sentir como en casa.
Sin duda, un lugar totalmente recomendable. 🌟