Mirelys, que es la que lo lleva todo fuera de la cocina, y su marido, que es el cocinero, son los dueños del bar. Habitualmente, nosotros vamos cuando ofrecen su comida cubana que es una vez al mes. Es increíble lo sabroso abundante y bueno que está todo.
La costilla está espectacular, porque la carne se deshace en la boca como si fuera mantequilla. Y las batatas, que están fritas de una manera especial y el plátano macho frito, hacen de la costilla un plato único e irrepetible.
Y qué decir de la enchilada de camarones. Aquí no voy a dar detalles, porque lo que mejor se puede hacer es ir allí y probarlo. Es otro plato realmente exquisito. Y los postres también los tiene caseros. Por supuesto, no todos, pero un par de ellos o tres si son caseros. De chuparse los dedos también. La pena es que no le saqué foto a los flanes.
Es de los pocos sitios que hoy en día todavía conserva la tradición de las tres “bes”: bueno, bonito y barato.
Seguiremos yendo, Mirelys, y probaremos muchas otras de vuestras especialidades