Dos visitas en el mismo día, mediodía y noche, resume bastante bien lo que nos pareció.
Juanma, el camarero que nos atendió, es de esas personas que hacen que la experiencia sea diferente. Estábamos perdidos buscando a mediodía algo poco turístico ya que la zona está masificada de alemanes, británicos y franceses entre otro.. Vimos esta magnífica bodega y pudimos sentarnos en la barra(ahí ya Juanma nos recolocó para estuviésemos más cómodos). Andabamos perdidos con la carta y él cogió el timón sin dudarlo. Eligió por nosotros y clavó cada plato: unas quisquillas para acompañar el vino de inicio , pulpo al limón, boquerones abiertos al limón, alcachofas a la plancha y vieiras.
Por la noche nos presentó un pargo como si fuera de la familia, con orgullo y conocimiento. Estaba espectacular. La ensalada malagueña, impecable para abrir boca.
Productos de calidad, cocina honesta y profesionales que saben lo que tienen entre manos.
Sitio para repetir sin pensarlo.