Este edificio, situado en la calle Infante Don Fernando, es mucho más que el centro administrativo de la ciudad; es un antiguo palacio religioso que guarda entre sus muros algunos de los tesoros barrocos más impresionantes de Antequera. Originalmente, fue el convento de los Terceros Franciscanos, fundado en el siglo XVI, hasta que en 1845 fue adquirido para convertirse en el Palacio Consistorial.
Una de las curiosidades más fascinantes de su interior es su escalera monumental. Es considerada la más grandiosa del barroco civil antequerano. Está construida con mármoles pulimentados de diferentes colores y cubierta por una impresionante cúpula decorada con yeserías. Subir por ella da la sensación de estar entrando en un palacio real más que en unas oficinas municipales, reflejando el poder y la riqueza que alcanzó la ciudad en el siglo XVIII.
El corazón del edificio lo ocupa su claustro de 1679. Es un patio cuadrado de 25 metros de lado donde destaca el uso de la caliza roja extraída del Torcal de Antequera para sus columnas toscanas. En el centro, una bella fuente de mármol aporta frescor y el sonido relajante del agua, recordando el pasado monástico de paz y retiro que tuvo este espacio antes de llenarse del ajetreo diario de la política local.
Como anécdota histórica, la fachada que vemos hoy no es la original del convento. Fue reconstruida en 1953 en un estilo neobarroco que buscaba integrarse perfectamente con el resto de los edificios nobles de la calle. Sin embargo, en el interior se conservan salas con mucha solera, como el Salón de los Reyes o el Salón de Sesiones, decorado con pinturas al temple de finales del siglo XIX que le otorgan un aire solemne y decimonónico.
Adosada al ayuntamiento se encuentra la Iglesia de los Remedios, donde se venera a la Virgen de los Remedios, patrona de Antequera y Alcaldesa Perpetua de la ciudad. Esta unión física entre el poder civil y el religioso es una de las estampas más típificas de la calle principal, donde el ayuntamiento parece abrazar al santuario de su patrona.
Visitar el ayuntamiento es, por tanto, una lección de historia sobre la "Ciudad de las Iglesias". Es el lugar donde el espíritu de los antiguos frailes franciscanos convive con la gestión moderna, bajo el amparo de los mármoles del Torcal y la mirada de la historia que emana de cada uno de sus rincones.