Cuando llegamos para tomar café no había nadie así que pensamos que era genial para poder tener una conversación agradable sin tener que dar voces, pero que equivocada estaba. Para empezar cuando nos sentamos nos atendió el camarero que se apoyo (casi sentado) literalmente encima de la mesa contigua como el que está esperando a sus amigos, lo bueno es que trajeron todo rápido, y a partir de ahí todo fue a peor, la terraza se llenó con grupos pegando voces, todos pegados, en fin, y cuando pedimos la cuenta, el mismo camarero que ni se digna a mirarte a la cara, nos medio tiró la cuenta a la mesa. No recomiendo el sitio para nada ya que la experiencia ha sido nefasta