Local ubicado en la barriada Echeverría de El Palo, que cuenta con salón interior y terraza cubierta. Acudimos para comer un día muy intempestivo, con lluvia y fuerte viento, y pudimos acoplarnos en la terraza. La carta es amplísima, con una gran cantidad de opciones. Nosotros pedimos para compartir una tapa de rusa de gambas y media ración de humus con crudité de verduras. Como platos principales, medio cachopo de ternera asturiana con cecina y queso de cabra, y otros dos platos que ahora mismo no recuerdo. La comida empezó de fábula; cortesía de la casa nos pusieron un plato de quisquillas espectacular, del tamaño de media ración bien servida; los entrantes, fantásticos; y a continuación llegó mi medio cachopo, que estaba muy bueno; comencé a cómemelo para que no se enfriara, pero pasaba el tiempo y no llegaban los otros dos principales; terminé el cachopo y nada, preguntamos y nada, vuelta a preguntar y nada. Después de tres intentos, cuando ya había transcurrido más de media hora desde que había terminado el cachopo, me dice un camarero que la impresora se había encasquillado y no había imprimido los segundos platos, algo dudoso de creer, ya que mi cachopo si que había salido. En fin, tuvimos que pedir la cuenta y mis acompañantes se fueron hambrientos, ya que no eran horas de que nos trajeran los platos que faltaban. Si fuera solo por la comida, calificaría a este restaurante con la máxima puntuación, pero en conjunto no puedo ni aprobarlo; se pueden cometer fallos, pero la desidia y el pasotismo de los camareros no son admisibles, y la actitud del encargado, menos aún; pasé por delante de él y ni una palabra de disculpa, estando al tanto de todo lo ocurrido.