Terminamos encontrando este pequeño restaurante en Benahavís y fue de esas comidas sencillas que sorprenden muchísimo. Las tapas estaban recién hechas, llenas de sabor y con ese toque casero que se siente desde el primer bocado. Las alitas estaban jugosas y bien sazonadas, las papas doradas y crujientes, y los champiñones al ajillo deliciosos para acompañar con pan.
Nos sentamos en la terraza y el ambiente fue muy tranquilo y agradable para almorzar sin prisa. Además, algo que siempre nos parece buena señal: el restaurante estaba lleno de lugareños, lo que dice mucho de la calidad y lo auténtico del lugar. El servicio también fue muy amable y cercano durante toda la comida.
A veces los lugares más auténticos son justamente los menos pretenciosos, y este fue uno de ellos 🤍