Es un lugar repleto de cosas positivas, y trataré de resumir el porqué.
Para empezar, es un sitio con muchísimo carácter: en sus productos de carta, en la atención al cliente —el propietario, los camareros y los dependientes forman un auténtico equipazo— La peregrina tiene un concepto de bar andaluz muy bien definido. Se nota que todo es fruto de muchos años de experiencia en el mundo de los alimentos y las bebidas.
Cuando voy, no puedo evitar pedir:
• Caldillo de pintarroja
• Pulpo
• Colitas de langostinos
• Pincho de atún
• Un vino blanco o tinto
• Un moscatel o un vermú
La carta tiene mucho más por descubrir, y da igual lo que elija: todo se disfruta.
Es una marisquería que me sorprende cada vez que voy. Los precios son cómodos y cada euro está bien pagado. Llevo cinco años viviendo en Málaga y, cuando mis amigos vienen a visitarme, siempre es una parada obligada; lo recomiendo con total seguridad porque a todos les encanta.
Y un detalle que a veces no se menciona pero que suma mucho: puede ir tranquilo al baño, siempre está limpio e impoluto.
Viva La Peregrina.