Es uno de los ejemplos más fascinantes de la arquitectura neomudéjar en Málaga. Fue construido entre 1922 y 1925, destacando por su impresionante portada de arco de herradura decorada con azulejos y elementos exóticos que evocan el pasado árabe de la ciudad.
A diferencia del Mercado de Atarazanas, que es de estilo industrial, este mercado se diseñó con un aire mucho más ornamental y artesanal. Su estructura metálica está oculta por una decoración de ladrillo visto y cerámica policromada que lo hace parecer más un pequeño palacio que un centro de abastos.
Se ubica en el barrio de El Molinillo, una zona históricamente popular. Su construcción fue una respuesta a la necesidad de higienizar la venta de alimentos en un barrio que estaba creciendo rápidamente fuera de las antiguas murallas del centro.
A pesar de su nombre, no tiene relación directa con la ciudad de Salamanca. Se llama así por encontrarse en la calle Salamanca (hoy rebautizada en su tramo principal), que a su vez recordaba a un influyente político de la época.
El mercado cuenta con una de las vidrieras más coloridas de los edificios públicos malagueños de la época. La luz que entra a través de sus cristales durante la mañana crea un ambiente casi mágico sobre los puestos de pescado, carne y verduras.
Fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo que ha permitido que se conserve su estructura original casi intacta. Recientemente fue rehabilitado para devolverle el brillo a sus fachadas, eliminando cables y elementos modernos que ocultaban su belleza geométrica.
Es un mercado de "barrio" auténtico; mientras que otros mercados del centro se han orientado al turismo y al gourmet, el de Salamanca mantiene su esencia original, con clientes locales y puestos que han pasado de generación en generación.