Este rincón es uno de los accesos más humildes y, a la vez, más encantadores que quedan de la antigua muralla musulmana. A diferencia de las grandes puertas monumentales diseñadas para el paso de ejércitos o carros, este postigo era una puerta secundaria, de dimensiones reducidas, pensada para el tránsito vecinal y el control diario de las personas que entraban y salían de la medina.
Se encuentra muy cerca del Torreón de Asalto y la Iglesia del Carmen, y su nombre actual proviene de una pequeña hornacina que se colocó en su parte superior con la imagen de la Virgen de la Estrella. Esta costumbre de "cristianizar" los antiguos accesos árabes era muy común tras la conquista, buscando poner bajo protección divina los puntos de entrada a la ciudad.
Una curiosidad de este lugar es su disposición en recodo, una técnica defensiva típica de la arquitectura militar nazarí. Al no ser una entrada recta, obligaba a quien intentara entrar a realizar un giro, quedando expuesto y sin protección ante los defensores que vigilaban desde lo alto del muro. Hoy en día, ese diseño crea un rincón de sombra y paz que parece transportarte siglos atrás.
Se cuenta que este postigo era el lugar preferido por los antiguos habitantes para bajar hacia la vega y el río de forma discreta. Al pasear bajo su arco, fíjate en la combinación de ladrillo y piedra, que revela las constantes reparaciones y capas de historia que ha acumulado Antequera. Es, sin duda, uno de esos puntos donde la ciudad deja de ser monumental para volverse íntima y cotidiana.