Restaurante desenfadado tipo urbano, enfocado en carnes ahumadas.
Tuvimos suerte pues nos pudieron atender sin reserva previa, algo raro pues suele ser necesaria.
El dueño y el resto del personal muy atentos y agradables, nos explicaron todo el proceso de elaboración de las carnes.
La comida, una pasada!, tomamos el pulled pork, la salsicha de buey y el sándwich de pastrami, nos encantó. El precio en principio puede parecer algo elevado, pero cuando ves la calidad y la cantidad, está totalmente acorde, reitero platos generosos.
Por cierto, el dueño para no sentirse mala persona nos aconsejo las croquetas y como tampoco quiero sentirme mala persona, las aconsejo también encarecidamente, de muerte.
Repetiría 100%