Hay lugares que no solo se visitan, se sienten, y eso es exactamente lo que me pasó en Bendita Katalina. Es un rincón precioso en pleno campo de golf, con un entorno tranquilo que invita a desconectar del ruido.
Empezamos con una ensaladilla rusa con atún, muy cremosa y bien presentada. Después, una burrata fresca que se disfrutaba sin prisas. Como plato principal, probé la lubina al grill, perfectamente cocinada, acompañada de una fina patata frita crujiente.
Para terminar, una cookie casera con helado y chocolate fundido… simplemente espectacular.
El servicio fue cercano, atento y muy agradable en todo momento.
En resumen, no es solo un restaurante, es un pequeño refugio donde disfrutar de una experiencia tranquila y especial.