Ha sido mi restaurante favorito en los diez días que he pasado en Torremolinos. Probamos las patatas bravas, con la salsa brava auténtica, sin tomate y con el punto de picante correcto. También el torrezno, aderezado con lima para desengrasar, abundante, el carpaccio de vieira con lima y mayonesa teriyaki, el plato que más nos gustó y un steak tartar también en su punto. Nos sorprendió que además tuvieran picos Yeyé, muy habituales en la Bahía de Cádiz y que nunca había visto fuera de ese ámbito pero que me encantan. Me he quedado con ganas de volver y probar otras cosas de la carta.