En este escrito deseo dejar constancia de mi absoluta disconformidad y profunda indignación con la experiencia vivida en este establecimiento, la cual considero no solo lamentable, sino jurídicamente reprochable y moralmente inaceptable.
El pasado martes, dicho establecimiento procedió a alquilar un patinete eléctrico a mi hermano, quien acababa de cumplir 13 años, siendo por tanto menor de edad, sin que mediara consentimiento alguno de sus tutores legales, sin supervisión adulta y sin la firma de ningún documento contractual o de exoneración de responsabilidad. Resulta evidente que esta actuación vulnera los más básicos principios de diligencia exigibles a una empresa que presta un servicio peligroso, más aún cuando se trata de vehículos de cierta potencia y velocidad.
Cabe destacar que el único requisito exigido para efectuar el alquiler fue el pago económico, lo que pone de manifiesto una conducta negligente, irresponsable y orientada exclusivamente al beneficio económico, sin consideración alguna por la seguridad del menor ni por las consecuencias que pudieran derivarse de dicha actuación.
Tras el alquiler, los menores dejaron el patinete que traía mi hermano en el propio local y se dirigieron a dar una vuelta por la zona. Durante dicho trayecto, mi hermano sufrió un accidente al colisionar con una valla, resultando herido en una pierna y produciéndose, al parecer, un daño en la cerradura del patinete alquilado.
Cuando el menor regresó al establecimiento, no se interesaron en ningún momento por su estado físico, limitándose a recriminarle el daño sufrido por el patinete alquilado y comunicándole que, como consecuencia, se quedarían con el patinete de su propiedad, el cual había sido dejado allí previamente. Esta reacción, carente de toda humanidad, provocó que el menor nos llamara llorando, asustado, herido y sin poder regresar a su domicilio.
Al contactar telefónicamente con el establecimiento, lejos de intentar una solución razonable o reconocer la gravedad de haber alquilado un patinete a un menor sin cumplir ningún requisito legal, mantuvieron una postura “chulesca”, insistiendo en que no pensaban devolver el patinete que traía mi hermano. Asimismo, ignoraron por completo la evidente responsabilidad que les correspondía y la existencia de un seguro que debería cubrir incidentes de esta naturaleza.
Al personarnos en el local mi padre y yo, la situación se agravó. Solicité, de manera educada, que se me mostrara el supuesto contrato firmado por mi hermano, a lo cual se negaron rotundamente. Lejos de mantener una actitud profesional, uno de los responsables se dirigió a mí de forma burlona y despectiva, riéndose y profiriendo comentarios ofensivos, llegando incluso a realizar amenazas veladas sobre posibles daños a nuestro patinete. Todo ello ocurrió en un clima de mofa constante, falta de respeto y absoluta intimidación.
Ante tal situación, procedí a llamar a la policía. Hasta su llegada, el personal del establecimiento ocultó patinetes y modificó radicalmente su actitud, mostrándose repentinamente sumisos y conciliadores. Aun así, pretendieron exigir el pago de 120 €, cantidad a la que me negué rotundamente por considerarla injustificada y abusiva. Finalmente, y únicamente para poder recuperar el patinete de mi hermano y marcharnos de allí, nos vimos obligados a abonar 50 €, además del importe ya pagado por el alquiler.
Quiero dejar constancia del profundo malestar personal y emocional que esta situación me generó. No solo por el riesgo real al que fue expuesto un menor, que pudo haber sufrido lesiones de mucha mayor gravedad, sino por el trato vejatorio, las risas, el desprecio y la absoluta falta de empatía mostrada hacia una familia que únicamente buscaba proteger a un niño herido y recuperar su propiedad.
Lo sucedido no puede calificarse como una simple “chiquillada”, sino como una grave falta de responsabilidad empresarial, de respeto y de humanidad, que merece una reflexión seria y, a mi juicio, una revisión exhaustiva de las prácticas de dicho establecimiento.