Ubicación increíble, en medio de la montaña y con vistas al mar. Un remanso de paz en días caóticos como los de semana santa con todo abarrotado. Destacar la amabilidad de todo el personal, desde el chico de recepción hasta los del restaurante. Gente joven y con ganas. Las habitaciones amplísimas, con camas muy cómodas y baño igualmente amplio y limpio. En cuanto a la comida no había demasiada variedad, pero acertabas con lo que cogieras porque estaba todo muy rico.