La experiencia fue bastante negativa. En resumen, no lo recomiendo: servicio deficiente, frío, comida cara.
En cuanto a la comida, la ensaladilla tenía demasiada salsa y le mataba el sabor, las carrilleras eran muy caras para la cantidad que servían con una salsa demasiado dulce y el solomillo tenía un precio excesivo para su tamaño.
Solo había un camarero muy simpático (alto, joven, con barba, una pena no saber su nombre), pero el resto del servicio dejaba mucho que desear: los camareros pasan de una zona a otra y, en nuestra mesa, hubo momentos largos sin que nadie se acercara. Aunque veían que no teníamos nada en la mesa, no preguntaban qué queríamos y tuvimos que pedirles incluso que nos cambiaran los platos.
La puerta siempre abierta hacía que hiciera mucho frío en el local, parecía que querían que nos fuéramos pronto. Íbamos a pedir postre, pero después de 4 veces que pasó el camarero tras entregarnos la carta y 10 minutos de espera, decidimos no hacerlo. Incluso cuando saltó la alarma meteorológica, en lugar de informar que iban a cerrar antes, cosa completamente comprensible, un camarero que pasó por nuestra zona comentó de forma poco profesional: “en alerta roja y la gente en los bares, no se van a ir?”.
Tienen que mejorar la extracción del humo si pretenden que se cocine la carne en las propias mesas, ya que llenó la sala de humo y resultó bastante molesto para el resto de comensales.